Artículo aparecido en Contanto Estrelas (ver)

Esta semana se ha conocido por fin el texto del anteproyecto de Ley integral para la igualdad de trato y la no discriminación, una ley cuya promotora es la Ministra de Sanidad, Leire Pajín. El Artículo 16 de ese anteproyecto castiga a los centros que basan su proyecto educativo en un ideario religioso, que dividen a los alumnos por aulas en función de su idioma o que apuestan por la Educación Diferenciada.

El caso es que la Convención relativa a la Lucha contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza de la Unesco establece en su Artículo 2 que “no serán consideradas como constitutivas de discriminación” tanto “la creación o el mantenimiento de sistemas o establecimientos de enseñanza separados para los alumnos de sexo masculino y para los de sexo femenino” (esto es, la educación diferenciada) como “la creación o el mantenimiento, por motivos de orden religioso o lingüístico, de sistemas o establecimientos separados que proporcionen una enseñanza conforme a los deseos de los padres o tutores legales de los alumnos”. Al no contemplar estas excepciones, la norma que propone Leire Pajín viola esta Convención de la Unesco y lo hace, además, lesionando el derecho de los padres a elegir el modelo educativo que desean para sus hijos y también la libertad de creación de centros docentes. Hay que decir que no sería la primera vez que un Estado viola los derechos y libertades de los individuos con el pretexto de instaurar una igualdad entendida en sentido colectivista: la dictadura maoísta ya hizo lo mismo en China, incluso a costa de uniformar a todos los ciudadanos. ¿Es ése el modelo de “igualdad” que defiende Pajín?