Por Helena Fonseca

No es casualidad que existan 241,971 colegios de Educación Diferenciada por sexos en más de 70 países donde estudian mas de 46 millones de alumnos y alumnas. Costa Rica tuvo  recientemente la visita de la Lic. Elisabeth Vierheller, Presidenta de ALCED  Argentina (Asociación Latinoamericana de Colegios de Educación Diferenciada) quien impartió en la Fundación Omar Dengo dos conferencias sobre este tema dirigidas a padres y docentes de ADEC (Asociación para el Desarrollo Cultural y Educativo) fundada hace 26 años por padres de familia que querían dentro del modelo educativo la educación diferenciada para sus hijos (entornos escolares de un solo sexo). Señalaba cómo, hombres y mujeres, somos profundamente iguales, profundamente diferentes y por lo tanto complementarios y corresponsables ante los planteos que la sociedad de hoy nos propone.  Un gran desafío para el siglo XXI es promover nuevos escenarios desde la educación para atender esta triada de igualdad, diferencia y complementariedad en una sociedad donde cada vez la esfera privada está más cerca de la esfera pública.  Hombres y mujeres debemos conciliar y no confrontar cada vez más asuntos de gran calibre en nuestros proyectos vitales. No competimos sino que colaboramos corresponsablemente en nuestras familias, empresas, gobiernos y cultura plural. Ya Hillary Clinton visualizó la necesidad de crear entornos diferenciados en algunos momentos de la educación.   No entiendo qué tiene que ver esta frase aquí. La demanda de la sociedad actual no es la misma que  ayer y es por esto que  la escuela mixta está repensándose de nuevo a sí misma. La educación diferenciada es una alternativa que confirma mundialmente un mejor desempeño académico de los alumnos y tiene la bondad de reforzar su propia identidad sexual enfocándoles en su propio desarrollo personal para insertarse con éxito en esta sociedad y hacer un aporte significativo a la misma.

Costa Rica es un claro ejemplo de que  la mujer está más presente en las estructuras sociales. Nuestra Presidenta electa ha demostrado que “dirigir es educar.” En el vértice superior estará siempre la educación.  Varias ciencias enriquecen el fundamento de este sistema escolar: la antropología, la psicología del desarrollo, la sociología, y la neurociencia. La genética afirma que hombres y mujeres nacemos con el cerebro programado de modo diferente. Conocemos, pensamos y amamos de forma distinta.  Llegamos a las mismas cumbres por distintos caminos. El cerebro masculino está organizado de manera más compacta y eficiente para el procesamiento de información visual y espacial. Predomina en él el conocimiento abstracto. Lo masculino genera muchas alternativas que lo femenino logra evaluar muy bien por el predominio del conocimiento experimental, clave en la toma de decisiones. La mente de una mujer está dotada para un tipo de pensamiento holístico e integral.  El del hombre es más lineal o consecutivo. Lo femenino tiende a la determinación de políticas. Lo masculino a la fijación de objetivos.  A la hora de tomar decisiones, los hombres son analíticos y suelen basarse en procesos de cálculos, fórmula y deducción.  La  resolución femenina suele ser más elaborada, larga y equilibrada. La mujer puede pensar en media docena de cosas a un tiempo y planificarlas de forma coherente. Es muy organizada y eficaz porque al ser madre muchas veces, sabe lo que es planificar cada instante. La creatividad, el detalle, la imaginación y la diferenciación son valores altamente cotizados y muy femeninos. Iguales en dignidad y derechos, distintos y complementarios por naturaleza somos el hombre y la mujer.  Absolutamente necesarios para que pueda darse la especie humana y su desarrollo. Talento y conciliación seguirá siendo el reto del hombre y la mujer que tienen entre sus manos el destino de esta sociedad.  La educación diferenciada de chicos y chicas de edad escolar es una opción que tiene muchas bondades para potenciar las dos modulaciones de la naturaleza: lo masculino y lo femenino de forma inteligente.