Un reportaje de Elizabeth Weil para el New York Times (2-03-2008) refleja la paulatina extensión de la educación diferenciada en el sistema escolar público de Estados Unidos.
Fuente: Aceprensa

“Enseñar por separado a chicos y chicas ha sido siempre corriente en las escuelas privadas y parroquiales. Pero ahora la idea está ganando fuerza en las escuelas públicas norteamericanas, tanto por el deseo de los padres de tener más opciones como por las sendas crisis que han afectado a las chicas y a los chicos”. Primero se detectó que ellas quedaban atrás en matemáticas y ciencias; luego se ha visto cómo ellos iban cada vez peor en casi todos los índices de rendimiento académico.

Así lo muestran las medias nacionales. La tasa de expulsiones temporales es casi el doble en los chicos que en las chicas, y la de repetidores, 1,5 veces mayor. El fracaso escolar es más frecuente en ellos: el 65% terminan la enseñanza secundaria a su tiempo, frente al 72% de las chicas. Son chicos dos de cada tres alumnos de educación especial.

“Se discute si existe una crisis en la educación de los chicos blancos de clase media; pero no hay duda de que la escuela pública está fracasando con los alumnos pobres de minorías en general, y en particular con los chicos”. No se ha conseguido recortar las diferencias entre alumnos ricos y pobres, entre blancos y negros. “Empieza a cundir la desesperación”, dice Benjamin Wright, responsable de la red escolar pública de Nashville (Tennessee), y añade: “La coeducación no funciona. Es hora de probar otra cosa”.

Wright empezó probando la educación diferenciada cuando estuvo destinado en una escuela primaria de Seattle, donde encontró un notable retraso de los chicos. Al cabo de un año de experimentar con clases separadas, la proporción de chicos que alcanzaban el nivel mínimo de conocimientos subió del 10% al 35% en matemáticas y del 10% al 53% en lectura y escritura.

Pero no siempre se obtienen éxitos tan rotundos. Después, Wright trabajó en el programa de educación diferenciada de Filadelfia, y los resultados fueron bastante modestos. Wright lo atribuye en parte a falta de convencimiento entre los profesores. Algunos distritos que ensayaron la educación diferenciada, la han abandonado porque los progresos académicos eran pequeños y las complicaciones logísticas, grandes.

El balance por ahora muestra una expansión cada vez más rápida. En 1995, en todo Estados Unidos había solo dos escuelas públicas de educación diferenciada; ahora hay 49, y dos tercios de ellas han abierto en los tres últimos años. Hay también escuelas mixtas que ofrecen educación diferenciada al menos en algunas asignaturas: según la National Association for Single Sex Public Education, desde 2002 han pasado de una docena a más de 360 (no se dispone de números exactos).

Una de esas escuelas es la Intermedia de Foley (Alabama), donde el 70% de los alumnos reciben subvenciones para comedor y cerca de la mitad son negros o hispanos. Cuando empezó a ofrecer educación diferenciada, se apuntaron un tercio de las familias; en el siguiente curso se duplicaron las peticiones, y en el tercero alcanzaron el 87%. Según la directora, Lee Mansell, en las clases separadas por sexos hay “menos problemas de disciplina, más apoyo de los padres y mejores notas en escritura, lectura y matemáticas”.

Para chicas de Harlem

Weil presta particular atención a The Young Women’s Leadership School (TYWLS), de Harlem (Nueva York), considerada la pionera del actual movimiento en favor de la educación diferenciada pública. Esta escuela femenina se abrió en 1996, y hasta ahora todas las alumnas que se han graduado en ella han sido admitidas en la universidad.

La fundadora de TYWLS es Ann Rubinstein Tisch, antes redactora de NBC Network News. La idea le vino cuando hacía un reportaje en Milwaukee a finales de los ochenta, sobre una escuela pública que acababa de abrir una guardería para facilitar a las alumnas con hijos reincorporarse y terminar la secundaria. Tisch entrevistó a una de ellas, que tenía 15 años: “¿Dónde te ves dentro de cinco años?”; la chica se echó a llorar. “Me dije: está atrapada, y lo sabe –recuerda Tisch–. Y su situación afecta a tres generaciones: su madre, su hijo y ella misma. Tenemos que dar a estas niñas una vía completamente diferente; una vía que está abierta a las chicas de familias adineradas, o de escuelas parroquiales, o de escuelas judías”.

Para poner en marcha su idea, Tisch comenzó por visitar escuelas femeninas privadas y contratar un asesor jurídico. Habló con la superintendente de un distrito escolar neoyorquino que incluye parte de Harlem y consultó con Rosemary Salomone, profesora de Derecho en St. John’s University. Había un obstáculo legal: según establece una ley de 1972, los colegios que reciben financiación federal no pueden discriminar a los alumnos por razón del sexo. Pero Salomone señaló que el proyecto podía apoyarse en un informe del Departamento de Educación del municipio neoyorquino, que había detectado una desventaja de las alumnas, sobre todo negras e hispanas, con respecto a los chicos, en matemáticas y ciencias.

Tres meses antes de que se inaugurara TYWLS, el Tribunal Supremo dictaminó que ofrecer educación diferenciada en las escuelas públicas podía ser legal, dependiendo de las circunstancias. Fue ponente de la sentencia la magistrada Ruth Bader Ginsburg, que –como señala Weil– “había sido una de las fundadoras, dentro de la American Civil Liberties Union, del Proyecto Derechos de la Mujer, grupo que se ha distinguido por poner demandas contra las escuelas públicas para un solo sexo”. El fallo redactado por Ginsburg contiene “lo que algunos consideran un compendio del pensamiento feminista hasta 1996”. Aunque el tribunal ordenó que un centro público masculino de Virginia se hiciera mixto, la sentencia estableció que en determinadas situaciones, las escuelas públicas diferenciadas podían ser legales, siempre que contribuyeran a “a borrar las divisiones tradicionales según el género, en vez de perpetuarlas”.

Un ambiente propicio al aprendizaje

De todas formas, la apertura de TYWLS provocó una viva polémica. Los contrarios dijeron que la educación diferenciada pública era ilegal, retrógrada y anti-feminista. Salomone recuerda que la nueva escuela “dividió al movimiento feminista por la mitad”. Ella misma se dio de baja de la National Organization for Women.

Weil explica que el éxito académico de TYWLS se debe, en buena parte, a que brinda a las alumnas un ambiente propicio al aprendizaje, lo que no es corriente en los centros públicos de un barrio problemático como Harlem. En opinión de Emily Wylie, que enseña lengua y literatura en TYWLS, “ella enseña mejor y sus alumnas aprenden mejor porque están en un entorno des-sexualizado, o menos sexualizado”. “Casi todos en TYWLS reconocen que la preocupación más apremiante de los padres que matriculan en la escuela a sus hijas de 11 años es que estén a resguardo del ambiente sexualizado de las aulas y de las calles”.

La fundación creada por Tisch para promover TYWLS ha abierto escuelas femeninas en dos barrios más de Nueva York, Bronx y Queens, y va a colaborar en la creación de otras en Chicago, Filadelfia, Dallas y Austin.

Buenas para alumnos desaventajados

Aunque crece el interés por la educación diferenciada, la investigación sobre su eficacia es aún escasa, señala Weil. Los pocos estudios que comparan en general escuelas mixtas y escuelas para un solo sexo no son concluyentes. Lo más cierto que se ha averiguado sobre el particular procede de estudios sobre escuelas católicas, que tienen una larga tradición de enseñanza diferenciada. De ellos resulta que la educación diferenciada no reporta beneficios apreciables a los chicos blancos y de clase media, pero sí a los de clase baja o de minorías. Los que de estos van a colegios para un solo sexo sacan mejores notas que sus iguales de los colegios mixtos de la misma zona.

“Dos son las principales explicaciones que se proponen de este hecho. Una es que las escuelas diferenciadas dan a los chicos, en mayor medida que las otras, un sentido positivo del estudio, que les ayuda a contrarrestar la influencia antiacadémica de la cultura juvenil. Según la otra, para ir a un colegio de educación diferenciada, un chico ha de tener unos padres que hayan hecho algo que los educadores llaman una opción pro-académica: que se preocupen de la marcha del chico en los estudios y deliberen para tomar una decisión, cualquiera que sea”.

Weil confirma, a partir de lo que ha visto en TYWLS y otras escuelas semejantes, que “a la implicación de los padres parece deberse, en buena parte, el éxito de la educación diferenciada pública”. “Estas escuelas gozan del favor de muchos padres, satisfechos de tener una opción que siempre ha estado disponible en las escuelas privadas o parroquiales. También son atractivas para profesores y gestores de la red escolar, que encuentran en ellas una manera relativamente fácil y barata de intentar mejorar algunos de los desesperantes problemas de la enseñanza pública, en especial con los alumnos desaventajados”.